El problema de la vivienda (I)


 Nuestro país tiene un gran problema con el acceso a la vivienda, ya sea en propiedad o en alquiler.

La vivienda, desde luego, en un sistema de producción capitalista, se comporta como una mercancía más en el mercado, más allá de que sea reconocida como un derecho por la Constitución y que sea un bien irrenunciable para la población.

La vivienda, como mercancía, tiene un valor de uso, hogar, y un valor de cambio.

Como valor de cambio, para su propietario, se convierte en una fuente de renta, si es alquilada a un arrendatario o es utilizada como piso turístico, por ejemplo; es el elemento principal del patrimonio familiar; y, como mercancía con sus características propias, es objeto de especulación, esto es, comprar barato para vender caro y obtener las consiguientes plusvalías.

Las limitaciones que presenta esta mercancía en cuanto a su producción vienen dadas, por una parte, en que no todo el suelo es urbanizable, por otra, las ciudades no pueden crecer todo lo que desean y, por otra parte, se precisan infraestructuras, tales como saneamiento público, una red de transportes, seguridad, …

En cualquier caso, la tierra es uno de los factores de producción. En este caso no es para dedicarlo a la agricultura, ganadería o a la selvicultura, sino a la producción de un bien esencial como es la vivienda.

En nuestro país se estima que más del 60% de las familias posee su vivienda habitual en propiedad, por lo que ésta se convierte en el elemento principal del patrimonio familiar.

Ya lo dijo José Luis Arrese, Ministro falangista de Vivienda en el periodo 1957-1960, “no queremos una España de proletarios, sino de propietarios”. Y así fue, no que dejasen de existir proletarios, sino que éstos se convirtieron en propietarios de las viviendas en las que vivían.

Se abre, de este modo a la hora de analizar la problemática de la vivienda, la Sociología de una sociedad de propietarios, grupo social que presenta sus propias demandas e intereses, y que se encuentra, en no pocos casos, ubicado en lo que se ha denominado “clase media aspiracional”.

“Clase media aspiracional” que observa como se está produciendo una profunda divergencia entre su nivel de renta y el precio de la vivienda, ya sea en régimen de alquiler o compra. Compra que cada vez se complica más por la tendencia al alza de su precio y por los requisitos, cada vez más restrictivos, para acceder a un crédito hipotecario si se carece de una buena cuantía para dar la entrada o de un patrimonio previo que puede servir como aval a la operación hipotecaria. Por lo que respecta al alquiler, éstos han subido muy por encima del coste de la vida año tras año.

Se llega, entonces, a una división social inédita: la clase de los propietarios vs la clase de los no propietarios de vivienda.

Aparece la figura del rentista inmobiliario, aquella persona que vive de las rentas producidas por su patrimonio inmobiliario, ya sea a través de procesos de compra-venta de vivienda, -especulación-, alquileres, en una tendencia alcista de precios, y pisos turísticos, cuya oferta no deja de crecer pese a que su inmensa mayoría no están legalizados.

El problema de la vivienda tiene dos consecuencias, más allá de no poder disfrutar de un derecho, por un lado, el de los desahucios, por impago de los créditos hipotecarios o por no poder afrontar el pago de la renta mensual del alquiler, desahucios que se están incrementando progresivamente con el paso del tiempo y, por otro lado, el problema de la más que tardía independencia juvenil. Ambas consecuencias se presentan como fracasos vitales que giran en torno a la vivienda.

Se debe señalar, así mismo, el problema que trae consigo la concentración de la propiedad de la vivienda, que se refleja en la generación de grandes tenedores, -el capitalismo inmobiliario y la tendencia al monopolio/oligopolio-, en torno a SOCIMI y fondos de inversión; la conversión de Madrid en una Miami europea y los procesos de compra-venta de vivienda en barrios nobles de Madrid capital, -Salamanca, Retiro, Chamberí, El Viso, …-, que encarecen la vivienda por su proceso especulativo; la gentrificación de los centros de la ciudad que cambian la geografía humana de esos barrios con la expulsión de vecinos y negocios tradicionales de sus calles, siendo sustituidos por aquellos que tienen una nivel de renta más alto; y, la imposibilidad de poder continuar viviendo en tu barrio, en tu municipio, dado el precio de la vivienda, que provoca la ruptura de redes sociales creadas a lo largo de la vida.

La propuesta política para facilitar el acceso a la vivienda debe venir por considerar los siguientes aspectos.

Frente al valor de cambio de la vivienda promover su valor de uso, esto es, de la mercancía vivienda al hogar.

El alquiler social, atendiendo al nivel de renta del arrendatario, frente a la propiedad. La vivienda de promoción social.

Y los precios de la vivienda de protección social frente a los precios del libre mercado.

Se trata, en definitiva, se superar la contradicción capitalista que supone “gente sin casa y casas sin gente” y dar cuenta de los problemas de la vivienda desde la dimensión económica, la vivienda como una mercancía, social, las dificultades para acceder a un bien de primera necesidad que resulta irrenunciable, y políticos, la gestión de la generación de desigualdades sociales y la realización de políticas de vivienda pública.

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