Nuevo Laborismo: una apuesta política

 El nuevo laborismo es la apuesta de la izquierda, -sin más calificativos-, para la nueva época tras la pandemia del coronavirus.

No es halagüeño el contexto político y social en el que nos encontramos inmersos.

La ilusión y, porque no decirlo, la esperanza que Podemos generó se ha apagado y la respuesta ha sido la organización y avance de la derecha en sus versiones conservadora y reaccionaria.

El escenario es el del descrédito de la política, el hartazgo, la apatía, ... No van a hacer nada por tí. No se puede hacer nada.

Esta pandemia ha puesto de manifiesto la necesidad de la certidumbre, de la certeza, de la seguridad y la demanda de afrontar la incertidumbre políticamente, ya que los mecanismos individuales para encararla no están al alcance de la mayoría de las personas. 

Existe, entonces, una necesidad de estabilidad, de tal manera que la propuesta política debe ser sólida, creíble y factible para ilusionar al cuerpo electoral, obtener su apoyo mayoritario y, consecuentemente, tener el poder institucional, -tanto legislativo como ejecutivo, para estar en disposición de transformar, cambiar, la vida de la gente.

El eje central de esta propuesta política se encuentra en la centralidad del trabajo, en un sentido extenso, aunque su dimensión es la del empleo y todo su corolario de derechos y políticas sociales.

Plantea la convergencia política y social en torno al mundo del trabajo, a través de la cual se vertebra una propuesta de proyecto de país y un nuevo contrato social.

El empleo, el trabajo, se convierte en el máximo agregador de aspiraciones políticas y sociales. Es la unidad mínima de convergencia, de unidad y síntesis de la propuesta de la izquierda para una nueva época tras la crisis financiera y la del coronavirus, que busca confrontar con la política económica y social del neoliberalismo rampante y hegemónico de las últimas décadas, como respuesta a las demandas políticas y sociales de la mayoría social. Una mayoría social esencialmente trabajadora.

Los sujetos de esta propuesta son los partidos políticos de izquierda en sus versiones reformistas y de carácter socialdemócrata clásico, alejados de la Tercera Vía, por una parte. Por otra, son las organizaciones sindicales de clase, mayoritarias, las que encarnan al movimiento obrero organizado y son las más representativas de éste en los centros de trabajo.

Son pues, organizaciones de la clase trabajadora.

Otros sujetos vienen dados por los movimientos sociales que organizan la impugnación del sistema económico, político y social, como son los ecologistas y medioambientales, los feministas, los federalistas y los que agregan a los colectivos de trabajadores inmigrantes.



El nuevo laborismo tiene en lo material su mayor oferta. Se pretende el bienestar de la mayoría.

La política económica, de corte neokeynesiano, -que no impugna el mercado como institución central de la economía, en cuanto a distribución de los recursos económicos y los factores de producción-, es el mecanismo para la optimización en la asignación de recursos y de lucha contra la creciente desigualdad social, consecuencia de las políticas económicas neoliberales hegemónicas en las últimas décadas.

La búsqueda de la igualdad en la sociedad, segmentada y dividida por la creciente desigualdad, es uno de los objetivos del nuevo laborismo.

El nuevo laborismo presenta los siguientes ejes de convergencia política y social:

  • Democracia económica.
  • Igualdad de género.
  • Ecologismo.
  • Federalismo solidario.
Todos ellos con los objetivos de lograr una mejor redistribución de la riqueza y de lucha contra la creciente desigualdad social. En este sentido, el papel del Estado se presenta como fundamental.

Ambos objetivos se encarnan en las políticas económico-sociales.

La política se presenta, más allá del descrédito al que se encuentra sometida, como la capacidad de cambiar la vida de las personas, de transformar la cotidianeidad de la gente, mediante la profundización en el Estado del Bienestar, que da respuesta a las demandas de la mayoría social, esto es, de la clase trabajadora.

Se debe, asimismo, hacer hincapié en la industrialización del país observando su encaje en la división internacional del trabajo y especialmente, de la Unión Europea, como de que este proceso industrializador sea de carácter autocentrado y atienda a las necesidades y demandas sociales.

En este sentido, los fondos europeos para afrontar la crisis de la pandemia deben desempeñar un papel decisivo en la modernización de la estructura económica del país, junto al papel del Estado en la gestión de esos fondos.

Las estrategias de este nuevo laborismo pasan por conseguir el poder de las instituciones políticas representativas, -los parlamentos-, y el ejecutivo, -los gobiernos-, para poder poner en marcha el programa político.

El poder social es fundamental. Sin poder social no se puede obtener el poder institucional, es una condición sine qua non. Las movilizaciones sociales por las demandas y necesidades insatisfechas, -en el que el papel de las organizaciones sindicales es fundamental-, son la otra parte de la estrategia.

El nuevo laborismo debe ser capaz de ilusionar a la mayoría del país con un programa electoral en el que más democracia, más igualdad y más bienestar sean sus leitmotiv y las bases para la elaboración de un proyecto de país que dote de estabilidad la vida cotidiana de la clase trabajadora y que sea capaz de fundar un nuevo contrato social basado en el trabajo.

Un trabajo que nos homogeneiza a todos y la poítica laborista que trae consigo, que pretende el bien común, el bien de todos.


Sobre el trabajo

El empleo, la ocupación o la necesidad de él, es lo que comparte la mayoría social del país.

La gente quiere y necesita un empleo para ganarse la vida y participar socialmente mediante la renta salarial que obtiene.

La participación social que permite el empleo presenta dos ámbitos: el de la ciudadanía y el del consumo.

El de la ciudadanía, en cuanto a miembro activo de la sociedad a la que se pertenece, a la que se contribuye como productor de bienes o servicios.

El de consumidor, en cuanto participante en la distribución de lo producido, del que se ha formado parte con anterioridad.

Esferas, mundos de la producción y del consumo que deben considerar el ámbito medioambiental de ambos procesos, ya que en la actualidad no se puede producir y consumir como se ha venido haciendo, dada la crisis ecológica y medioambiental que padecemos y que se agrava, sin posibilidad de retorno, día a día.

Una ciudadanía presidida, políticamente, por las divisas republicanas de igualdad, libertad y fraternidad entre iguales.

La esfera de la ciudadanía, a la que se contribuye, además, fiscalmente, tiene la obligación de promover derechos civiles y la participación política y social en el marco de un Estado federal, fuerte y descentralizado, que sea próximo a la prestación de servicios a las gentes, que conozca de primera mano sus demandas y necesidades.

Un Estado fuerte, descentralizado y de carácter federal, en el que todos seamos y nos sentamos partícipes dada su fuerte política social de integración y de lucha contra la desigualdad.

Un Estado así no deja a nadie atrás porque proporciona seguridad a sus ciudadanos.

El nuevo laborismo tiene su eje central en el empleo.

Dada la crisis estructural del empleo en nuestro país, considerando la elevada temporalidad de las relaciones laborales, el fuerte desempleo, los bajos salarios y los problemas de seguridad y salud en el trabajo, la apuesta laborista es una apuesta fuerte por el cambio de esas características estructúrales del empleo.


El Estado debe desempeñar un papel protagonista a dos niveles.

El primero es en el que el Estado aparece como generador de empleo, dadas las políticas sociales que debe afrontar. El número de trabajadores públicos, no puede olvidarse, que es uno de los más bajos de la Unión Europea.

El segundo es en el que debe regular, legislar, en materia laboral.

El empleo debe ser indefinido, con seguridad laboral, con salarios en crecimiento, con igualdad en cuestiones de género, sin discriminaciones por motivos de raza, en el que se promueva la formación profesional para el empleo, -la educación es otra cosa, la educación tiene la función de hacer ciudadanos libres y críticos-, el protagonismo de la negociación colectiva en cuanto a regulación de las condiciones de trabajo en las diferentes ramas de actividad y en los territorios, el fortalecimiento del trabajador colectivo a través de los sindicatos, la defensa a ultranza de un sistema de pensiones público y con los suficientes recursos, la infinita mejora de las políticas pasivas de empleo y fomentar, de una vez por todas, la democracia industrial en los centros de trabajo.

Esto desde la perspectiva el empleado, del trabajador. Desde la perspectiva del empleador deberá articular una política que conlleve una mejora de la gestión empresarial en su rutina diaria.

En definitiva, se trata de establecer políticas económicas y sociales encaminadas a la generación de empleo y materias anexas, que le fortalezcan.

Dentro de la política económica un aspecto fundamental es el de la política fiscal, el de la Hacienda Pública.

La carga impositiva debe ser directa, progresiva sobre la renta y solidaria. Su objetivo no debe ser otro que el de redistribuir la renta mediante políticas sociales, así como la incentivación del empleo, que traerá más recursos fiscales.

La política, en definitiva, debe tener un impacto socialmente relevante, que sea percibido por el conjunto de la sociedad, no sólo por determinados colectivos, y debe ser reconocida por sus beneficiarios. Se trata de buscar y lograr una justicia social transformadora.

El nuevo laborismo propuesto tiene que considerar a la clase empresarial que tenemos. ¿Qué quieren, más allá de la obtención de más y más beneficios? ¿Qué necesitan, más allá de una mano de obra barata que sea el eje de la competitividad del proyecto empresarial? ¿Cómo son percibidos por el resto de la sociedad? ¿Es significativo el tamaño de la empresa o hay otras variables estratégicas? ¿Los empresarios son sólo empresarios o son algo más?

Volviendo a la esfera del trabajo, en este momento y con esta propuesta política, las organizaciones sindicales mayoritarias y más representativas deben actuar como vectores de modernización de las relaciones laborales, por una parte, y, por otra, de la estructura económica del conjunto del país.

El trabajo, cuyos valores son puestos en entredicho dada su crisis cuantitativa, -elevado desempleo-, y cualitativa, -precarización de las relaciones laborales-, cuenta entre esos valores el de la movilidad social o, como poco, el de la mejora de las condiciones materiales de vida de una generación a otra. Está aquí inscrita la idea de progreso.

El caso es que actualmente la movilidad social está estancada, en el mejor de los casos, y, en el peor, se trata de una movilidad descendente, -la crisis de las denominadas clases medias, que son clase trabajadora con unas relaciones laborales estables, cierto nivel de renta, nivel de consumo y bienestar. 

Esta crisis en la movilidad social, puede ser paliada en buena medida con las políticas llevadas a cabo por el nuevo laborismo, pretende el bienestar de la mayoría y la lucha contra la desigualdad como sus dos pilares fundamentales.

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