Lucha política y guerra militar. Antonio Gramsci

 Alcanzar el fin estratégico como objetivo.

Existen tres formas de guerra.

La guerra de movimiento, -maniobras. Un ejemplo es la huelga.

La guerra de posiciones. Es de resistencia pasiva, el boicot, las escuadras, los asedios, los asaltos.

Y, la guerra subterránea.

Toda lucha política tiene siempre un sustrato militar.

No se deben imitar los métodos de lucha de las clases dominantes para evitar las emboscadas. Así, son fundamentales la maniobra y el movimiento. Atención especial merecen los elementos de la voluntad y los organizativos.

Las crisis, -politicas, económicas-, abren brechas en las defensas enemigas, lo que favorece la dirección de la línea estratégica.

El enemigo pierde la confianza en sí mismo, en sus fuerzas y en su futuro.

Actualmente, la sociedad civil posee una estructura muy compleja y resistente a las crisis económicas y políticas.

Las superestructuras funcionan como trincheras.

En la guerra de posiciones es fundamental conocer cuáles son los sistemas de defensa.


El concepto de "Revolución pasiva".

Sus principios fundamentales son:

  • Ninguna formación social desaparece mientas las fuerzas productivas que se han desarrollado en su seno encuentren aún sitio para su desarrollo progresivo posterior. 
  • La sociedad sólo se plantea tareas cuya solución se hayan ya gestado en las condiciones necesarias.

Se trata de la resistencia pasiva, -Gandhi.

La dialéctica aplicada a este caso hace que cada miembro de la oposición dialéctica debe intentar serlo todo y lanzar a la lucha todos sus recursos políticos y morales, con el fin de obtener una superación real.


Sobre la burocracia.

El centralismo orgánico produce un centralismo burocrático.

El centralismo democrático conduce a la organicidad.

El centralismo en movimiento conlleva la continua adecuación de la organización al movimiento real.

La búsqueda crítica de lo que es igual en la aparente diversidad, de los diferente y lo contrario en la aparente uniformidad.

La organización aparece como una necesidad práctica, inductiva y experimental.

Todo ello deriva en la acción política concreta.


El número y la cualidad en los regímenes representativos.

El problema básico es el de la formación de una voluntad colectiva.

La cuestión del "hombre colectivo" o del "conformismo social" conlleva hablar de la hegemonía civil y de la guerra de posiciones.

La fase económica corporativa del Estado en la que el aspecto volitivo es fundamental en la política y en su acción, -voluntad de mando.

El pesimismo de la inteligencia unido a un optimismo de la voluntad.

La hegemonía en la sociedad civil y la división de poderes, hace que este último sea el resultado de la lucha entre la primera y la sociedad política.

La debilidad del Estado liberal es la burocracia, la cristalización del grupo dirigente, que ejerce el poder coercitivo, y que quiere conservar el poder y sus privilegios a toda costa.

La concepción del Derecho y su papel en el cambio social hacen que el Estado actúe como un educador, como un poder racionalizador. Sin olvidar que el Derecho forma parte de la superestructura.

La política y el Derecho Constitucional. La institución política se da en el jefe político y debe entenderse por la rapidez con que se relacionan elementos aparentemente ajenos entre sí y con los cuales se conciben los medios adecuados al fin, para encontrar los intereses en juego, suscitar las pasiones de los hombres y conducirles a una determinada acción.

La expresión del jefe es la acción.

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