Al menos tienes trabajo. Naiara Puertas




Se suele confundir trabajo con empleo.

El trabajo es consustancial a la naturaleza humana. Nos pasamos el día trabajando, alterando la naturaleza de las cosas para nuestro beneficio. Pensemos en cocinar, por ejemplo.

El empleo supone la relación salarial. Trabajamos a órdenes de otro a cambio de un salario. Ese salario nos permite obtener un determinado nivel de renta que nos permite acceder a mercancías, ya sean productos o servicios, en el mercado.

Esa fuente de renta, el salario, es la fuente mayoritaria de ingresos para cualquier sujeto de la sociedad capitalista en la que vive.

Sin empleo, o se tiene otra fuente de obtención de renta, o no se dispone de recursos para acceder a bienes en el mercado.

El empleo tiene y debe ser objeto de crítica en cuanto a su forma, pero o se tiene otra forma de obtener la renta o se está predicando en el desierto.

El empleo, la relación salarial despliega todo un conjunto de aspectos a observar y a analizar para dar cuenta de sus mutaciones y evoluciones.

El empleo es lo que nos permite "ganarnos la vida" en el seno de una sociedad salarial inserta en un sistema económico capitalista.

La sociedad salarial hacer referencia a la adquisición de un estatus y de unos derechos como trabajador: derecho al desempleo, a la formación, cotización a la Seguridad Social, al desempleo, a la hacienda pública, ...

La crisis del empleo hace referencia a dos tipos de crisis. Cuantitativa, elevada tasa de desempleo, que puede calificarse como de estructural en nuestra economía. Y cualitativa, en cuanto a la precarización de muchos aspectos de la relación laboral: temporalidad en el empleo, bajos salarios, malas condiciones de trabajo, ...

El discurso de la empleabilidad, -mejorar el empleo de la fuerza de trabajo desocupada-, entronca con las tesis de Gary Becker sobre su teoría del capital humano.

Cada uno es dueño de sí, es un individuo, un capitalista de sí mismo que debe invertir en sí a través de la educación, la formación, para incrementar su empleabilidad en el mercado de trabajo.

La responsabilidad social corporativa deja a un lado a quien toma las decisiones y quien, quienes, son los propietarios de la empresa, -el capitalismo gerencial.

La dificultad o la imposibilidad de la utopía, de un futuro diferente en los tiempos actuales. Se trata de ir sobreviviendo, de ir tirando.

La igualdad de oportunidades es sinónimo de meritocracia. Se usa este concepto a la hora de acceder al mercado de trabajo. En este concepto pone en juego tres tipos de capital, según Bourdieu, el social, el cultural y el simbólico. Su combinación da lugar a la distinción social.

La igualdad de oportunidades, la meritocracia, la movilidad social y sus mecanismos no ponen en cuestión la distribución del poder y su ejercicio. Es la legitimidad del sistema al que uno no se enfrenta porque cree que será beneficiado.

El mérito, la capacidad, es lo que el empleador quiere que sea. Es él quien lo valoriza, basándose, en no pocas ocasiones, en la arbitrariedad de su poder omnímodo en la empresa. Por eso lo paga a través del salario.

La movilidad social provoca, en último término, la legitimación de la desigualdad económica, que sólo ofrece salidas individuales. La idea de mejora social es una mera mejora material individual.

Se produce una ausencia de algún tipo de propuesta política que apunte qué hacer ante las informaciones diarias que nos indignan, -"El año que tampoco hicimos la Revolución" del Colectivo Todoazen-, es consecuencia del desconocimiento de la vida de los otros por parte de los políticos y, por tanto, de sus necesidades y deseos.

Se trata de hacer pasar un mero interés personal por un interés colectivo, haciendo uso de la parcela de la ventaja individual frente al resto, -"La trampa de la diversidad" de Daniel Bernabé, en el momento que las diferentes identidades se ponen a competir unas con otras-, que son considerados como competidores por algo a obtener que es escaso, como puede ser el empleo.

La izquierda debe pretender la transformación social radical: el horizonte del socialismo como estrategia anticapitalista.

"La industria, los servicios, del desempleo" conllevan una transferencia de rentas hacia las empresas a través de la orientación laboral de la formación profesional ocupacional y de la terapia.

La productividad.

La intensificación del trabajo; la prolongación de la jornada laboral voluntaria, porque no se da abasto con la tarea, o involuntaria, -horas extras, que no se retribuyen nunca-; el aprovechar el tiempo.

La autoexplotación mediante el incremento de la producción y el mantenimiento o disminución del salario, con los problemas de salud que conlleva. Ya se ve como un modo de autonomía personal. Ya no hay orgullo de clase, hay orgullo de autoexplotación.

El tiempo de trabajo vs tiempo de vida: la sociedad del rendimiento.

Actualmente se trabaja más que nunca: jornada de trabajo y presencialismo. La innovación tecnológica no libera del trabajo.

La Renta Básica Universal, -RBU-, podría dar un plus de poder en la negociación del trabajo en el mercado de trabajo, negándose a trabajar bajo determinadas condiciones, sabiendo que cierta subsistencia material está asegurada con la RBU.

El empleo es un medio para ganarse la vida y subsistir en un sistema de producción capitalista, -la relación salarial-, no puede ser un fin en sí mismo.

En este punto hay un falso orgullo del trabajo vs la obligación de trabajar.

La instrumentalización del trabajo como el brazo armado del neoliberalismo, en el que todo tiene que servir para algo.

El trabajo en el centro de nuestras vidas porque es lo que nos permite vivir en una sociedad salarial y de consumo de mercancías.

De la sociedad de la producción a la sociedad del consumo.

Si tienes ingresos puedes consumir.

La sociedad del consumo y su protagonismo ocultan, nublan, lo realmente importante, que es la sociedad de la producción.

La sociedad del consumo es menos conflictiva, -individuos que consumen en una esfera vital de "libertad"-, frente a la sociedad de la producción, que es una sociedad disciplinaria mediada por las relaciones de poder muy desiguales. El trabajo es un espacio de coerción.

Sin embargo, no se puede olvidar que es en la esfera de la producción donde se producen las contradicciones sociales y es el escenario principal de la lucha de clases.

El feminismo autodenominado, irónicamente, "política de identidad", cuando pocas reivindicaciones hay más materiales que el propio cuerpo o que el tiempo propio, -mujer, tiempo (de cuidados) y tiempo de trabajo.

La sociedad acelerada, la sociedad de la falta de tiempo, la sociedad de "no puedo llegar a todo".


Descapitalización laboral y deslaboralización de la fuerza de trabajo.

Realizar el trabajo de tus sueños, el trabajo que te gusta.

Nunca se habla de largas jornadas de trabajo sin fin, de los despidos, de los accidentes de trabajo, de los conflictos laborales, ...

Los becarios, el trabajo en prácticas.

La formación del "actorum"-desempleo-formación-empleo-desempleo-formación.

Las equivalencias entre ka vida personal y la vida laboral: la teoría del capital humano, ya mencionada.

Las jornadas laborales interminables llevan a que lo único significativo que se encuentra en la vida se produzca en la esfera laboral.

La idea del trabajo vocacional, -la llamada de la vocación, Max Weber.

Los entornos globales, la automatización y la financiarización.

Se vende la mano de obra, el alma y la muerte.

El sentirse valorado en el trabajo.

La educación como inversión y como modo de diferenciación.

El entorno laboral, el acceso al mercado de trabajo, no se califica como indeseable, sino que tiene errores que no absorbe aquello que yo le puedo ofrecer, -el encaje entre la oferta y la demanda de empleo.

El papel de lo colectivo, el mercado de trabajo indeseable y lo individual, que provoca que no se tenga la oportunidad de demostrar la valía de uno.

El centrarse en el proyecto propio es la gasolina para acomodar las aspiraciones  y la subjetividad a las demandas productivas sin enfrentarlas directamente.

La individualización del trabajo colectivo.

Desde la gestión, el control del desempleo, a la gestión de la empleabilidad. 

¿Qué se produce y por qué? ¿Por qué no producir otras cosas? El papel del Estado en la gestación de otra estructura económica, no como ente subvencionador, sino generando, creando, empresas públicas.

La democracia en la empresa.

No puede haber democracia en la empresa dado que los intereses de las partes, -empresario y trabajador-, son irreconciliables.

Sus intereses en juego son de suma cero, -lo que uno gana el otro lo pierde.

En la empresa el empresario habla de una gestión, -tiranía de la acumulación, reinversión y tasa de beneficio.

Las empresas como espacios de abusos por la autoridad, -el empresario-, y los propios compañeros, -cargos intermedios-, y compañeros iguales.

La cultura del esfuerzo es la cultura del extractivismo en la esfera laboral.

La impugnación del sistema laboral viene dada por la negación de la búsqueda del beneficio empresarial. Se impugna de este modo el conjunto social capitalista, su lógica.

La flexibilidad laboral se convierte en dar facilidades a la empresa y la genuflexión y la colonización de toda la jornada para los trabajadores.

"Yo lucho para no volver a ser obrero nunca más".

Hay una contradicción absoluta entre el trabajo, la vida y la reproducción de la vida.

El discurso de lo laboral.

"Mejor esto que nada". "Al menos tienes trabajo".

La esfera de la producción se presenta como irreformable, de ahí que en la actualidad se haga tanto hincapié en la esfera del consumo, -consumo responsable, ético, ecológico, cooperativas de consumo, ...

Un símbolo de estatus social es estar permanentemente ocupado, -productivo en todos los tiempos.

La primacía de la gestión sobre el conflicto.

Sabemos mucho y, a la vez, hacemos muy poco.

En la actualidad, los trabajadores deben estar motivados, mucho más allá del salario que perciben, por la misión y el propósito. Es una herramienta para extraer trabajo más barato. La coerción en el trabajo se ha incrementado. Ya no se trabaja por un salario, se trabajo por la causa.

Las personas ya no pueden imaginar una vida fuera del trabajo y de la mercancía.

Sea cual sea la forma de empresa en el sistema capitalista es ineludible la competitividad, la competencia entre empresas y la búsqueda del beneficio.

Otra vida no parece posible y tampoco mejor.

El modo de producción-consumo es el que determina los márgenes del poder político.

Si la militancia política emanaba de las condiciones de empleo, de la vida en la fábrica, ahora la militancia se estructura de tal manera que tiene que generar algún tipo de ingreso y no sólo para costear su actividad política sino que deviene aventura empresarial, -emprendeduría política basada en el capital cultural y en el capital político. Los militantes se han convertido en empresarios de sí.  

No se trata más que una consecuencia más de la crisis del empleo, en términos cuantitativos, -desempleo masivo, como cualitativos, -precariedad laboral.

La concepción del trabajo se basa en considerarla como una actividad profunda y esencialmente humana y en la columna vertebral de nuestras biografías.

El beneficio empresarial, y sus costes asociados, deben ser entendidos como mera codicia. La crisis de las subprime puede ser entendida desde esta perspectiva.

El entorno laboral no es un entorno de libertad.

Los problemas sociales, como el desempleo que es un problema social, se transforman en problemas individuales, se individualizan, y el desempleo se explica desde el grado de empleabilidad de cada uno. Se desactiva, de este modo, un grave problema político.

¿Quién promueve el cambio? ¿Hacia dónde nos conducen los cambios en el trabajo? ¿Qué consecuencias traen consigo esos cambios?

La flexiseguridad propone al trabajador flexible como un modo de asegurar la inversión realizada. Aunque el concepto debe ser entendido como un juego de palabras o un sindiós dialéctico.

El trabajo coloniza el tiempo de vida a través de los trabajos vocacionales, de la compatibilidad entre lo colaborativo y lo temporal y el binomio estudiar-formarse.

Lo transitorio se convierte en definitivo.

Los proyectos, los deseos y la subjetividad.

El trabajo y la realización personal, -la vocación, el sentirse muy a gusto consigo mismo desarrollando tareas remuneradas-, y la promesa de la movilidad social ascendente, si se tiene éxito, claro.

No existe la alineación completa, queda siempre un resquicio de conciencia, sobre lo que se hace y las consecuencias que tiene, -la responsabilidad, la culpa, son rasgos de humanidad.

Cuando en el trabajo se compromete la salud, se piensa que el trabajo hace daño, pero no se puede evitar.

En estos dos últimos casos, entra en juego en la esfera laboral la lógica, el realismo, el deseo y la puesta en duda de la autoridad en la empresa.

¿Liberar del trabajo o dignificar el trabajo?

Se ha pasado de la "desgracia de tener que trabajar" al "orgullo de trabajar".

El derecho al trabajo para todos y el deber de trabajar todos. El trabajo es el que nos proporciona los medios de vida, la participación en la sociedad.

El malestar en el trabajo tiene su origen en la rutina, la penuria física, las interminables jornadas laborales, la disponibilidad y la flexibilidad.

La precariedad impide una experiencia común de trabajo y una experiencia común de interrupción, como sí proporcionaba la participación en una huelga en el centro de trabajo.

Aunque sí que genera una experiencia compartida de supervivencia, de vivir a salto de mata, de poseer biografías laborales fragmentarias, de incertidumbre vital, de contar con redes de apoyo sociales, tales como la familia, los amigos cercanos, ...

No hay conflicto laboral sino hambre de ascenso laboral, de promocionar, o, al menos de mantenimiento del puesto de trabajo.

¿Qué se puede hacer políticamente?

La economía colaborativa.

Existe una preponderancia del acceso, al uso, más que a la propiedad. Se trata de una forma de paliar la precariedad, la falta de renta.

Ya no hay empleados sino colaboradores, -despolitización de la esfera laboral.

Se plantea como un trabajo comunitario desinteresado, basándose en el compartir, el confiar y el colaborar.

Se produce una perversión de las causas y de las consecuencias. Más que un no querer es un no poder. Son excusas, coartadas, ante la falta de ingresos en una situación de crisis.

Es la encarnación de los valores impuestos por la austeridad, la frugalidad, de la pobreza.

No se produce una ampliación de la vida colectiva fuera del consumo ni un mayor campo comunitario.

No hay vínculos ni ingresos regulares o familias o descendencia porque es todo muy caro, inalcanzable.

Es una economía de posguerra, de mera supervivencia.

El miedo, la incertidumbre, el no estarse quieto como motores de la acción en el mundo laboral.

Las sociedades ricas son cada vez más desiguales socialmente por la elevada concentración de la riqueza. Se debe observar y analizar el discurso que justifica, legitima la desigualdad social imperante.

¿La riqueza da el poder o el poder la riqueza?

La sociedad laboral es irreparable, ya que el trabajo nos proporciona el medio, el dinero, para ganarnos la vida.

Las situaciones laborales y, por tanto, vitales son de desamparo, intemperie y precariedad.

La angustia y el miedo son las respuestas a las consecuencias de esa situación.


NOTAS

El texto da cuenta en toda su extensión de las relaciones de poder en el conjunto del ámbito laboral: el acceso al empleo, las tareas desarrolladas, las relaciones subordinadas, empresario-trabajador, la salud laboral, la precariedad, las crecientes demandas psicológicas del desempeño laboral, la salida del mercado de trabajo: el desempleo y "su industria", -la orientación laboral, la formación profesional ocupacional.

Se trata, entonces, de un libro de política laboral, que trata también de la subsistencia, del coste de ganarse la vida.

La cuestión central es cómo nos ganamos la vida, cómo obtenemos lo que necesitamos para vivir.

No se trata tanto de abolir el trabajo sino de dignificarlo en otras coordenadas más allá de la explotación y alienación del sistema capitalista.


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