Alta cultura descafeinada. Alberto Santamaría
(El caso de Torrelodones).
La profusión de graffitis y arte urbano es absolutamente fake a lo largo y ancho del municipio.
Tratan de adornar espacios públicos y paredes feas, producto de una política urbanística neoliberal, cuyo único objetivo cumplido es el rendimiento económico y no las necesidades sociales. El valor de cambio frente al valor de uso.
Un graffiti que no se apropia del espacio, que no genera ningún tipo de identidad, sino que es un mero adorno, un embellecimiento urbano consensuado, acrítico.
El graffiti está descontextualizado, como una apropiación de lo radical que ha sido domesticado.
El poder, la institución municipal, el Ayuntamiento que genera arte urbano.
¿En qué lugar queda la libertad artística para apropiarse de su espacio y de su libre expresión?
Política flácida, que no líquida, que no quiere conflicto, que lo elude y que, en cuanto puede, lo desactiva.
Un consenso precario pero estabilizado.

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