Arqueología del saber/Genealogía del poder. Vigilar y castigar. Michael Foucault
Vigilar y castigar. El nacimiento de la forma prisión
Vigilar y castigar pertenece a la segunda parte de su elaboración filosófica, división hecha por los estudiosos de su pensamiento. Su primera parte comprende las obras que indagan sobre la arqueología del saber y la segunda es una aproximación a la genealogía del poder.
La obra trata sobre el paso del suplicio de los condenados hasta llegar a la forma prisión como forma de castigo punitivo.
Esta senda la recorre en forma de continuum histórico, con unas rupturas que llevan al paso, antes mencionado, del suplicio a la disciplina y de ésta a la prisión.
En el suplicio el castigo se aplica a los cuerpos, siendo lo característico, lo específico, la marca en el cuerpo del condenado.
La disciplina, por su parte, supone el sometimiento del condenado, su localización espacial y temporal claramente definida. De este modo sigue teniendo importancia el cuerpo, pero aparece en escena un elemento nuevo que anteriormente no se había tenido en cuenta: el alma del condenado. Irá adquiriendo una relevancia impensable en la economía del castigo. La disciplina consiste en el control. La vigilancia y el sometimiento del condenado.
La modernidad trae consigo la aparición de la prisión y el situar en el primer plano el alma del condenado, No se pretende castigar, si no reeducar, reformar. Aún así, los cuerpos no han perdido su importancia, siguen siendo objetos de control y vigilancia mediante la arquitectura de la prisión: el panóptico. Con la prisión aparece la sociología de lo carcelario.
Esta descripción daría cuenta de la primera parte de la obra.
Una segunda parte de la obra, desde nuestro punto de vista mucho más relevante y que abarca buena parte del texto, es la relación poder-ciencia, poder-saber, que más que una relación en sí es una simbiosis, una imbricación, un binomio estructurado.
El poder en su acción lleva a que se funden y desarrollen ciencias, como una forma de conocimiento que modifica el ejercicio del poder, recubriéndolo de legitimidad y, por tanto, de eficacia y de eficiencia. De este modo, el poder sólo puede ser combatido y criticado desde la ciencia, como un conocimiento sistemático y profundo sobre una realidad, esa misma que el poder ha creado y ha ayudado a su desarrollo y difusión.
Foucault entiende que el poder no es una propiedad, si no una estrategia, ya que se ejerce.
El poder no se ejerce sobre algo o alguien, si no que pasa a través de. Por este motivo se tiene que tener una imagen reticular del poder.
El poder al ejercerse conlleva unos riesgos por la red de efectos que produce, de ahí su carácter inestable.
Volviendo a lo anterior, el poder y el saber se autoimplican de forma directa: poder y saber se implican directamente el uno al otro; que no existe relación de poder sin constitución de un campo de saber, ni de saber que suponga y no constituya al mismo tiempo unas relaciones de poder.
La transformación del sistema punitivo.
Foucault establece una correlación entre los modos de producción económicos y los sistemas punitivos que se han dado a lo largo de la Historia, llegando al establecimiento de una economía punitiva.
Modo de producción Sistema punitivo
Esclavista Apropiación de las personas
Feudal y despótico Castigo corporal. Suplicio
Mercantil Trabajos forzados
Capitalista Sistemas penitenciarios
El cuerpo sólo se convierte en fuerza útil cuando es a la vez cuerpo productivo y cuerpo sometido.
Las características del suplicio son las siguientes:
La disciplina. Sometimiento y producción. La economía de los cuerpos: taylorismo y fordismo
El cuerpo sólo se convierte en fuerza útil cuando es a la vez cuerpo productivo y cuerpo sometido.
A lo largo de este texto se ha hablado mucho de las disciplinas y de lo que éstas suponen.
Al leer el tema de las disciplinas se viene una y otra vez a la mente el tema de la organización del trabajo, el taylorismo y el fordismo, como las grandes creaciones disciplinarias industriales más ingeniosamente creadas, guiadas por el objetivo de crear al hombre-máquina, obrero, incansable, que no reivindica, obediente al punto, manejable, -moldeable, mejor dicho-, al antojo del capital, ... Era y es un sueño para todo patrón de taller contar con un obrero de estas características.
(Incluso en las más diferentes áreas del saber es posible observar esta veleidad: robots, autómatas, ... Tal vez sea en el cine donde puede verse este tema, bajo la forma de una alegoría. Es en la inigualable Metrópolis de Fritz Lang del año 1927, donde puede observarse cómo un ingeniero inventa un robot que es capaz de trabajar las 24 horas del día con total diligencia, sin cansarse y sin presentar los problemas del obrero colectivo).
Para una mejor exposición de esta idea, tomaremos punto por punto la descripción que hace Foucault de la disciplina de una forma textual.
El obrero es algo que se fabrica, de una pasta informe, de un cuerpo inepto, se ha hecho la máquina que se necesitaba; se han corregido poco a poco las posturas; lentamente, una coacción calculada recorre cada parte del cuerpo, lo domina, pliega al conjunto, lo vuelve perpetuamente disponible, y se prolonga, en silencio, en el automatismo de los hábitos; en suma, se ha expulsado al campesino.
La economía del cuerpo busca al cuerpo que se manipula, al que se da forma, que se educa, que obedece, que responde, que se vuelve hábil o cuyas fuerzas se multiplican; en definitiva, al hombre-máquina.
De esta forma se pretende la sumisión y la utilización, de tal forma que no puede ser la una sin la otra.
A raíz de esto aparecen los métodos, la organización de los tiempos, del espacio y los movimientos, para someter y hacer productivos a los cuerpos. Son las disciplinas: métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad (...), han llegado a ser fórmulas generales de dominación.
El cuerpo humano entra en un mecanismo de poder que lo explora, lo desarticula y lo recompone (...), para que ellos hagan lo que se desea (...), para que operen como se quiere, con las técnicas, según la rapidez y la eficacia que se determina.
(La) coerción disciplinaria establece en el cuerpo el vínculo de coacción entre una aptitud aumentada y una dominación acrecentada.
Todo detalle es importante.
La distribución de los hombres en el espacio: la disciplina exige a veces la clausura, la especificación de un lugar heterogéneo a todos los demás y cerrado sobre sí mismo. Lugar protegido de la monotonía disciplinaria.
Principio de la localización elemental o de la división en zonas. A cada individuo en su lugar; y en cada emplazamiento un individuo (...), descomponer las implantaciones colectivas (...). Se trata de establecer las presencias y las ausencias, de saber, dónde y cómo encontrar a los individuos, instaurar las comunicaciones útiles (...), poder en cada instante vigilar la conducta de cada cual, apreciarla, sancionarla, medir las cualidades o los méritos.
(...), codificar un espacio (...). Se fijan unos lugares determinados para responder no sólo a la necesidad de vigilar, de romper las comunicaciones peligrosas, si no también de crear un espacio útil.
El empleo del tiempo (...). Sus tres grandes procedimientos, -establecer ritmos, obligar a ocupaciones determinadas, regular los ciclos de repetición.
Se busca asegurar la calidad del tiempo empleado: control ininterrumpido, presión de los vigilantes, supresión de todo cuanto pueda turbar y distraer, se trata de constituir un tiempo íntegramente útil.
La exactitud y la aplicación son, junto con la regularidad, las virtudes fundamentales del tiempo disciplinario.
La elaboración temporal del acto (...). Ajustar el cuerpo a unos imperativos temporales (...). Se define una especie de esquema anatomo-cronológico del comportamiento. El acto queda descompuesto en sus elementos (...). El tiempo penetra el cuerpo y con él todos los controles minuciosos del poder.
(...) establecimiento de correlación del cuerpo y del gesto (...). En el buen empleo del cuerpo que permite buen empleo del tiempo, nada debe permanecer ocioso o inútil (...). Un cuerpo bien disciplinado forma el contexto operatorio del menor gasto.
La articulación cuerpo-objeto. La disciplina define cada una de las relaciones que el cuerpo debe mantener con el objeto que manipula (...). Dibuja (...) un engranaje cuidadoso (...). El poder viene a deslizarse sobre toda la superficie de contacto entre el cuerpo y el objeto que manipula; los amarra el uno al otro (...). La reglamentación impuesta por el poder es al mismo tiempo la ley de construcción de la operación.
La utilización exhaustiva (...). La disciplina procura una economía positiva; plantea el principio de una utilización teóricamente creciente siempre del tiempo: agotamiento más que empleo; se trata de extraer, del tiempo, cada vez más instantes disponibles y, de cada instante, cada vez más fuerzas útiles. Lo cual significa que hay que tratar de intensificar el uso del menor instante (...). Cuanto más se descompone el tiempo, cuanto más se multiplican sus subdivisiones, mejor se lo desarticula desplegando sus elementos internos bajo una mirada que los controla, más se puede acelerar entonces una operación, o al menos regularla de acuerdo con un grado óptimo de velocidad.
(...) formar un tiempo compuesto. El tiempo de unos debe ajustarse al tiempo de los otros de manera que la cantidad máxima de fuerzas puede ser extraída de cada cual y combinada en un resultado óptimo.
Esta combinación cuidadosamente medida de las fuerzas exige un sistema preciso de mando. Toda la actividad del individuo disciplinado deber contar con su ritmo y sostenida por órdenes terminantes cuya eficacia reposa en la brevedad y la claridad (...). Situar los cuerpos en un pequerño mundo de señales a cada una de las cuales está adscrita una respuesta obligada, y una sola.
Las disciplinas son un arte del buen encauzamiento de la conducta (...), de hacer esto para retirar y sacar más. No encadena las fuerzas para reducirlas; lo hace de manera que a la vez pueda multiplicarlas y usarlas. La disciplina "fabrica" individuos; es la técnica específica de un poder que se da los individuos a la vez como objetos y como instrumentos de su ejercicio; es un poder modesto, suspicaz, que funciona según el modelo de una economía calculada pero permanentemente. El éxito del poder disciplinario se debe sin duda al uso de instrumentos simples: la inspección jerárquica, la sanción normalizadora y su combinación en un procedimiento que le es específico: el examen.
A continuación se expondrán las técnicas disciplinarias que traen consigo tanto el taylorismo como el fordismo: reparto de individuos en el espacio, control de la actividad, economía del tiempo, composición de las fuerzas para lograr una máquina eficaz, empleo de la jerarquía, de la sanción normalizadora y, por último, de la técnica de examen. Y lo que es más relevante, la aparición del binomio saber-poder: en el taylorismo con el departamento de distribución del trabajo y en el fordismo el departamento de personal, que es un departamento de sociología del trabajo.
El taylorismo
Frederick Taylor en La dirección de los talleres expone de una forma sistemática lo que vino en llamarse Organización Científica del Trabajo.
El interés por la organización del trabajo radica, para Taylor, en dos puntos fundamentales: la gran heterogeneidad o la falta de homogeneidad que existe en los talleres, y la ausencia de una relación aparente entre la dirección del taller y el pago de los dividendos.
Partiendo de esta base, Taylor señala que el jefe de taller, el patrón, debe tener un conocimiento perfecto de todas las exigencias, incluso los detalles, de la fábrica, adquiriéndolo mediante el contacto con sus subordinados y por el impulso de éstos, que llevará al máximo la capacidad productiva del taller.
La mejor manera para lograr estos fines se encuentra en saber perfectamente lo que se espera del personal y vigilar para que lo haga del modo mejor y más económico. Queda manifiestamente claro que la cuestión más importante es la relación entre los empleadores y los empleados.
Pero, desde nuestro punto de vista, lo más significativo de la Organización Científica del Trabajo está en la concepción que tiene Taylor de los trabajadores: son vagos por naturaleza y tienen una gran tendencia a la pereza. De este modo, los trabajos que realizan se demoran sin sentido y es en este punto donde la buena dirección debe hacer fuerza.
Taylor proporciona una serie de puntos para solucionar esta problemática cuestión:
Vigilar y castigar pertenece a la segunda parte de su elaboración filosófica, división hecha por los estudiosos de su pensamiento. Su primera parte comprende las obras que indagan sobre la arqueología del saber y la segunda es una aproximación a la genealogía del poder.
La obra trata sobre el paso del suplicio de los condenados hasta llegar a la forma prisión como forma de castigo punitivo.
Esta senda la recorre en forma de continuum histórico, con unas rupturas que llevan al paso, antes mencionado, del suplicio a la disciplina y de ésta a la prisión.
En el suplicio el castigo se aplica a los cuerpos, siendo lo característico, lo específico, la marca en el cuerpo del condenado.
La disciplina, por su parte, supone el sometimiento del condenado, su localización espacial y temporal claramente definida. De este modo sigue teniendo importancia el cuerpo, pero aparece en escena un elemento nuevo que anteriormente no se había tenido en cuenta: el alma del condenado. Irá adquiriendo una relevancia impensable en la economía del castigo. La disciplina consiste en el control. La vigilancia y el sometimiento del condenado.
La modernidad trae consigo la aparición de la prisión y el situar en el primer plano el alma del condenado, No se pretende castigar, si no reeducar, reformar. Aún así, los cuerpos no han perdido su importancia, siguen siendo objetos de control y vigilancia mediante la arquitectura de la prisión: el panóptico. Con la prisión aparece la sociología de lo carcelario.
Esta descripción daría cuenta de la primera parte de la obra.
Una segunda parte de la obra, desde nuestro punto de vista mucho más relevante y que abarca buena parte del texto, es la relación poder-ciencia, poder-saber, que más que una relación en sí es una simbiosis, una imbricación, un binomio estructurado.
El poder en su acción lleva a que se funden y desarrollen ciencias, como una forma de conocimiento que modifica el ejercicio del poder, recubriéndolo de legitimidad y, por tanto, de eficacia y de eficiencia. De este modo, el poder sólo puede ser combatido y criticado desde la ciencia, como un conocimiento sistemático y profundo sobre una realidad, esa misma que el poder ha creado y ha ayudado a su desarrollo y difusión.
Foucault entiende que el poder no es una propiedad, si no una estrategia, ya que se ejerce.
El poder no se ejerce sobre algo o alguien, si no que pasa a través de. Por este motivo se tiene que tener una imagen reticular del poder.
El poder al ejercerse conlleva unos riesgos por la red de efectos que produce, de ahí su carácter inestable.
Volviendo a lo anterior, el poder y el saber se autoimplican de forma directa: poder y saber se implican directamente el uno al otro; que no existe relación de poder sin constitución de un campo de saber, ni de saber que suponga y no constituya al mismo tiempo unas relaciones de poder.
La transformación del sistema punitivo.
Foucault establece una correlación entre los modos de producción económicos y los sistemas punitivos que se han dado a lo largo de la Historia, llegando al establecimiento de una economía punitiva.
Modo de producción Sistema punitivo
Esclavista Apropiación de las personas
Feudal y despótico Castigo corporal. Suplicio
Mercantil Trabajos forzados
Capitalista Sistemas penitenciarios
El cuerpo sólo se convierte en fuerza útil cuando es a la vez cuerpo productivo y cuerpo sometido.
Las características del suplicio son las siguientes:
- Aporta una cantidad de sufrimiento que puede medirse y jerarquizarse.
- Establece la producción reglamentada de dicho sufrimiento.
- Fija la producción reglamentada del sufrimiento.
- Está insertado dentro de un ritual que marca el cuerpo y cuyo exceso económico es público. En este punto aparece el carácter ejemplar del poder del soberano que subyace al suplicio. El soberano mismo es la Ley y en el suplicio público debe quedar ostentosamente patente el exceso y el énfasis del poder real.
- La atrocidad del suplicio reúne de forma clara dos funciones. Por una parte, revela la verdad y, por otra parte, opera el poder. Aparecen así relacionados el saber y el poder. Se asegura, también así, la manifestación de la verdad y del poder, que quedan reunidos en el cuerpo del condenado.
La reforma penal está basada en la idea del contrato social. Ya no se atenta contra el soberano, si no que se atenta contra la sociedad, así es esta la que juzga y condena. Supone, además, una objetivación del crimen y del criminal. El criminal pasa a ser un objeto de conocimiento y objeto del poder. El alma, el espíritu, se convierte en objeto del saber.
El resultado es la humanización de la pena y la aplicación de leyes universales a casos individuales y singulares.
El castigo, la pena, es función, no tanto del crimen, si no de su posibilidad de repetición, dándose un cálculo, una equivalencia entre el delito y la pena, tomando en cuenta a la vez los efectos del castigo.
El descubrimiento de las disciplinas provienen del modo de producción capitalista incipiente, debido al interés que toma el cuerpo como objeto de estudio para hacerlo útil, productivo y, en definitiva, someterlo.
Las disciplinas pueden ser definidas como procedimientos técnicos de control corporal que ponen un gran énfasis en la medida del tiempo, del espacio y de los movimientos del cuerpo, atendiendo a los dos primeros aspectos.
El efecto de las disciplinas es ejercer un poder, que se podría calificar de casi infinito, sobre el cuerpo individual en acción.
Su deseo es determinista: se trata del one best way, -Frederick Winslow Taylor-, a la hora de ejecutar una acción.
En el régimen disciplinario aparecen los sueños del orden burgués: un poder múltiple, anónimo, automático, muy meticuloso, pero discreto en la forma de su ejercicio.
Las disciplinas implican vigilancia, sanciones y procedimientos de examen. La vigilancia tiene su punto máximo, su máxima extensión, en la idea de vigilancia total: ver sin ser visto. Su máxima aspiración se encuentra en el panóptico, -todo visible-, de Bentham, aplicado a la arquitectura de hospitales, cárceles, escuelas, etc.
Las sanciones del orden disciplinario funcionan mediante el mecanismo de gratificación-sanción, con lo cual se convierten en penalizables los fragmentos más ínfiimos del comportamiento, haciendo que éste se mueva siempre en la dicotomía bien-mal. De esta forma, los comportamientos son siempre gratificados o penalizados.
Las consecuencias de la aparición de las disciplinas son diversas. Los individuos son diferenciados atendiendo a la contabilidad establecida por la norma sancionadora y se pretende la normalidad, la normalización de los comportamientos, de las conductas. La norma compara, diferencia, jerarquiza, homogeneiza y excluye. Se trata de un control total de los cuerpos y de las conductas.
El examen supone el entrecruzamiento más claro de la vigilancia y de las sanciones, quedando de esta forma ligados el poder y el saber. Cumple tres funciones: visibilidad en el ejercicio del poder, hace entrar la individualidad en un ámbito documental y convierte a cada individualidad en un caso.
Con el desarrollo y auge de las técnicas disciplinarias llegamos a lo que denomina Foucault sociedad disciplinaria, basada en la generalización abstracta del panóptico: ver sin ser visto. Todo visible y que el vigilado tenga conciencia de ser vigilado. Se trata de una extensión del sistema disciplinario a todo el conjunto del cuerpo social.
Se pretende que los individuos se conviertan en útiles, para ello el Estado crea la institución policial, ya que el Estado ha tomado el monopolio del uso de la violencia de forma legítima.
Aparece, en definitva, el poder como encargado de gestionar y administrar las multiplicidades humanas, basándose en tres aspectos: la imposición de una ley del mínimo costo, la maximización de los efectos de dicha ley y el aprovechamiento económico de las inversiones políticas.
Pero la consecuencia más notable de la sociedad disciplinaria se encuentra en que con la normalización de los individuos se busca la utilidad económico-política del hombre.
El nacimiento de la institución penitenciaria se asienta sobre dos grandes pilares: la Ley, que es hija de la tradición de la Revolución Francesa, y la sociedad disciplinaria, con todo su armazón tecnológico. Por una parte, la Ley busca una contabilidad de la pena, del castigo, y establece equivalencias cuantitativas entre el delito y la duración de la pena. Por otra parte, las tecnologías disciplinarias dan lugar al nacimiento de lo penitenciario.
Foucault critica a la forma prisión por una serie de aspectos:
- No disminuye la tasa de criminalidad.
- La detención provoca reincidencia.
- No puede dejar de crear delincuentes.
- Se favorece la organización de delincuentes solidarios entre sí.
- Las condiciones en las que se encuentran los presos en libertad les llevan fatalmente a la reincidencia y, lo que es más grave si cabe, se crean delincuentes de forma indirecta al sumir a la familia del preso en la miseria.
La prisión se fundamente en varios principios:
- Principio de la corrección.
- Principio de la clasificación.
- Principio de la modulación de las penas.
- Principio del trabajo como obligación y derecho.
- Principio de la educación penitenciaria.
- Principio del control técnico de la detención.
- Principio de las instituciones anexas.
La forma prisión genera un triángulo harto interesante, situándose la prisión en un vértice, la policía en otro y, en el último de ellos, la delincuencia. La prisión crea la delincuencia pero la encuentra útil para conocerla aún mejor, vigilarla, tenerla bajo control y, en última instancia, condenarla. He aquí, pues, la utilidad, funcionalidad, de la prisión con la creación de una delincuencia objeto. Se entrelazan, de este modo, poder y saber.
Vigilar y castigar. Historia de la locura en la época clásica
Es interesante tomar en consideración otra obra de Foucault, Historia de la locura en la época clásica, para establecer una comparación entre ésta y la que es objeto de este texto, Vigilar y castigar, para conocer el método arqueológico utilizado por Foucault, por un lado, y, por otro, establecer una serie de paralelismos entre ambas, que pueden llegar a ser muy productivos.
Hay que señalar que las obras divergen epistemológicamente, como se ha señalado anteriormente. En Historia de la locura en la época clásica, Foucault esgrime la arqueología del saber, mientras que en Vigilar y castigar emplea la genealogía del poder. Hay que tener en cuenta, además, que la primera obra pertenece a su primera época y la segunda a su segunda época, por lo cual hay que considerar las diferencias de enfoque debidas a la evolución del pensamiento del autor.
En Historia de la locura en la época clásica se escribe el conjunto histórico desde la perspectiva de la historia estructural. El motivo de la obra es hallar, descubrir el estatuto político de la ciencia y las funciones ideológicas que puede vehicular. De este modo toman cuerpo tanto el saber como el poder.
La época clásica supone el nacimiento de la psiquiatría, ligada a una serie de instituciones, exigencias económicas inmediatas y urgencias políticas de regulación social. De esta forma, la medicina objetiviza la locura dentro de sus dominios específicos, elaborando una taxonomía de las locuras para, de este modo, poner en práctica un ideario terapéutico. La psiquiatría lleva al encierro médico como órgano institucional específico de gestión de la población y el saber médico como discurso objetivador que reduce al hombre al estatuto de cosa. Se encabalga así el saber con el poder.
El loco se convierte en el objeto de saber, por lo cual, de nuevo, lo desviado pasa a ser objeto de la ciencia para someterlo al tratamiento de la normalización disciplinaria. El loco es internado como medida económica y precaución social; la locura es percibida sobre el horizonte social de la pobreza, de la incapacidad para el trabajo, de la imposibilidad de integrarse en el grupo. Se trata de un encierro laboral, porque se encierra a los ociosos, a los pobres, a los mendigos y a los insensatos.
Los paralelismos de la obra traída aquí y la que nos ocupa este texto son muy visibles: historia de lo desviado, en un caso el condenado, en el otro el loco; la institución total que se ocupa de ellos, el manicomio y la cárcel, y, por último, una ciencia que emplea-genera el poder: la psiquiatría y la criminología, respectivamente.
Sobre Michel Foucault
Foucault, estudioso de la experiencia, distingue tres niveles: un campo de conocimientos con conceptos, teorías y diversas disciplinas; una colección de reglas normativas y un modo de relación con uno mismo.
Estos tres niveles tienen una clara correspondencia con su obra. Al primer nivel puede adscribirse Las palabras y las cosas, al segundo Vigilar y castigar y al tercero Historia de la sexualidad.
Arqueología del saber y genealogía del poder
La arqueología del saber determina la genealogía del poder, al ser la segunda inherente a la primera. La arqueología deviene en genealogía.
La arqueología es un método para explicar cómo se ordena el saber en una época determinada. Es lo que Foucault denomina episteme. Para una época determinada existe un saber único y sin fisuras, un mismo a priori histórico. Es otra forma de hablar de las relaciones entre el saber y el poder.
La arqueología nos sitúa frente al azar, el desorden y la perturbación. Se trata de una mutación epistemológica.
La arqueología pretende definir los discursos en su propia especificidad, haciendo un análisis diferenciado de las modalidades del discurso.
La tan traída y llevada relación del autor con el estructuralismo responde a que Foucault entiende la episteme como una estructura que posee sus propias reglas de formación. Se revela un cierto carácter antihumanista en su pensamiento, negando la idea de progreso en la Historia, de evolución, como hilo conductor de la misma.
La episteme es una modalidad del orden que se da como el suelo positivo sobre el que se asientan la clasificación y la interpretación de las experiencias, funcionando, en suma, como un a piori histórico, tal y como se ha señalado anteriormente.
La episteme también pude ser entendida, sin entrar en contradicción con lo expuesto con anterioridad, como la organización subyacente del saber.
La genealogía es una forma de historia que da cuenta de la constitución de los saberes, de los discursos, de los dominios del objeto, ... Su utilidad radica en que se remonta en el tiempo para reconstituir la dispersión que caracteriza el pasado.
A Foucault le interesaba profundamente el poder. Por tanto, puede ser calificado como un estudioso de la cratología, al hacer hincapié en su funcionamiento y en su ejercicio. Entiende el poder como un conjunto de estrategias que forman parte de las prácticas sociales. Entonces, aparecen determinados dominios del saber a partir de las relaciones de fuerza y de las relaciones políticas en la sociedad. De este modo, la genalogía se nos presenta como una tecnología política, como física y microfísica del poder, tratándose de una anatomía de dicho poder.
Así la historia de la penalidad en Vigilar y castigar no es tanto una historia del castigo como una historia del saber sobre el hombre.
El poder se encuentra en todas partes, viene de todas partes; se ejercita de tal manera que sólo existe en el acto; es inmanente a otro tipo de relaciones: económicas, sexuales, de conocimiento, ...; viene de abajo, por eso es capilar, diminuto, lo que facilita que alcance los cuerpos, gestos, actividades, discursos, vida cotidiana, ..., en definitiva, que constituye al individuo; las relaciones de poder tienen el carácter de ser intencionales, ya que el poder se ejerce para alcanzar objetivos determinados; y, por último, las relaciones de poder sólo pueden existir si hay una serie de puntos de resistencia, que jugando el papel de adversario, responden a todo movimiento de ampliación del poder.
Por lo tanto, no es extraño que se den relaciones de inmanencia entre el poder y el saber. No hay relación de poder que no constituya un campo de saber, ni saber que no suponga al mismo tiempo relaciones de poder.
Foucault escribe la historia desde los márgenes, vagando por los desiertos, -temática de los desviados-, descubriendo oasis de saber, -la fundación de determinados saberes necesarios para el ejercicio del poder y para ampliar éste. Así, habla de la locura, los delincuentes, la sexualidad ..., atacando el biempensar burgués, arremetiendo contra su hipocresía, dejando aberturas en su pensamiento que dejan, permiten vislumbrar, ver la ingeniería de sus instituciones, la prisión o el manicomio.
Esto le lleva a escribir a modo de autoaprendizaje, contra el sometimiento y las formas de dominio.
El sujeto para Foucault está escindido, tiene una hiancua en sí, que no es abarcable, no se puede llenar, ni taponar. Este sujeto barrado,en sí y en relación con los otros, le convierte en objeto de saber.
El hueco que hay en su seno se ve atravesado por la psiquiatría, psicología, sociología, economía, politología, etc. Ciencias nada asépticas y pretenciosamente calificadas de científicas, que convierten a dicho sujeto en su objeto de saber, de estudio, para dominarlo, disciplinarlo, homogeneizarlo, normalizarlo, ..., y, en suma, someterlo al poder.
Para Foucault el análisis del poder se debe realizar desde un punto de vista original: conocer y tomar como punto de partida los modos de resistencia a diferentes tipos de poder, -los ilegalismos y su marco de acción en el caso de Vigilar y castigar-, para de esta forma hacer transparentes las relaciones de poder, dónde quedan inscritas, conocer sus puntos de aplicación y, cómo no lo más valioso, sus métodos.
Todo este programa de investigación, que creo que podríamos denominarlo así, ha de llevarse a cabo tomando en cuenta la historia. La perspectiva histórica se nos presenta como fundamental para realizar el estudio.
Así la historia de la penalidad en Vigilar y castigar no es tanto una historia del castigo como una historia del saber sobre el hombre.
El poder se encuentra en todas partes, viene de todas partes; se ejercita de tal manera que sólo existe en el acto; es inmanente a otro tipo de relaciones: económicas, sexuales, de conocimiento, ...; viene de abajo, por eso es capilar, diminuto, lo que facilita que alcance los cuerpos, gestos, actividades, discursos, vida cotidiana, ..., en definitiva, que constituye al individuo; las relaciones de poder tienen el carácter de ser intencionales, ya que el poder se ejerce para alcanzar objetivos determinados; y, por último, las relaciones de poder sólo pueden existir si hay una serie de puntos de resistencia, que jugando el papel de adversario, responden a todo movimiento de ampliación del poder.
Por lo tanto, no es extraño que se den relaciones de inmanencia entre el poder y el saber. No hay relación de poder que no constituya un campo de saber, ni saber que no suponga al mismo tiempo relaciones de poder.
Foucault escribe la historia desde los márgenes, vagando por los desiertos, -temática de los desviados-, descubriendo oasis de saber, -la fundación de determinados saberes necesarios para el ejercicio del poder y para ampliar éste. Así, habla de la locura, los delincuentes, la sexualidad ..., atacando el biempensar burgués, arremetiendo contra su hipocresía, dejando aberturas en su pensamiento que dejan, permiten vislumbrar, ver la ingeniería de sus instituciones, la prisión o el manicomio.
Esto le lleva a escribir a modo de autoaprendizaje, contra el sometimiento y las formas de dominio.
El sujeto para Foucault está escindido, tiene una hiancua en sí, que no es abarcable, no se puede llenar, ni taponar. Este sujeto barrado,en sí y en relación con los otros, le convierte en objeto de saber.
El hueco que hay en su seno se ve atravesado por la psiquiatría, psicología, sociología, economía, politología, etc. Ciencias nada asépticas y pretenciosamente calificadas de científicas, que convierten a dicho sujeto en su objeto de saber, de estudio, para dominarlo, disciplinarlo, homogeneizarlo, normalizarlo, ..., y, en suma, someterlo al poder.
Para Foucault el análisis del poder se debe realizar desde un punto de vista original: conocer y tomar como punto de partida los modos de resistencia a diferentes tipos de poder, -los ilegalismos y su marco de acción en el caso de Vigilar y castigar-, para de esta forma hacer transparentes las relaciones de poder, dónde quedan inscritas, conocer sus puntos de aplicación y, cómo no lo más valioso, sus métodos.
Todo este programa de investigación, que creo que podríamos denominarlo así, ha de llevarse a cabo tomando en cuenta la historia. La perspectiva histórica se nos presenta como fundamental para realizar el estudio.
La disciplina. Sometimiento y producción. La economía de los cuerpos: taylorismo y fordismo
El cuerpo sólo se convierte en fuerza útil cuando es a la vez cuerpo productivo y cuerpo sometido.
A lo largo de este texto se ha hablado mucho de las disciplinas y de lo que éstas suponen.
Al leer el tema de las disciplinas se viene una y otra vez a la mente el tema de la organización del trabajo, el taylorismo y el fordismo, como las grandes creaciones disciplinarias industriales más ingeniosamente creadas, guiadas por el objetivo de crear al hombre-máquina, obrero, incansable, que no reivindica, obediente al punto, manejable, -moldeable, mejor dicho-, al antojo del capital, ... Era y es un sueño para todo patrón de taller contar con un obrero de estas características.
(Incluso en las más diferentes áreas del saber es posible observar esta veleidad: robots, autómatas, ... Tal vez sea en el cine donde puede verse este tema, bajo la forma de una alegoría. Es en la inigualable Metrópolis de Fritz Lang del año 1927, donde puede observarse cómo un ingeniero inventa un robot que es capaz de trabajar las 24 horas del día con total diligencia, sin cansarse y sin presentar los problemas del obrero colectivo).
Para una mejor exposición de esta idea, tomaremos punto por punto la descripción que hace Foucault de la disciplina de una forma textual.
El obrero es algo que se fabrica, de una pasta informe, de un cuerpo inepto, se ha hecho la máquina que se necesitaba; se han corregido poco a poco las posturas; lentamente, una coacción calculada recorre cada parte del cuerpo, lo domina, pliega al conjunto, lo vuelve perpetuamente disponible, y se prolonga, en silencio, en el automatismo de los hábitos; en suma, se ha expulsado al campesino.
La economía del cuerpo busca al cuerpo que se manipula, al que se da forma, que se educa, que obedece, que responde, que se vuelve hábil o cuyas fuerzas se multiplican; en definitiva, al hombre-máquina.
De esta forma se pretende la sumisión y la utilización, de tal forma que no puede ser la una sin la otra.
A raíz de esto aparecen los métodos, la organización de los tiempos, del espacio y los movimientos, para someter y hacer productivos a los cuerpos. Son las disciplinas: métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad (...), han llegado a ser fórmulas generales de dominación.
El cuerpo humano entra en un mecanismo de poder que lo explora, lo desarticula y lo recompone (...), para que ellos hagan lo que se desea (...), para que operen como se quiere, con las técnicas, según la rapidez y la eficacia que se determina.
(La) coerción disciplinaria establece en el cuerpo el vínculo de coacción entre una aptitud aumentada y una dominación acrecentada.
Todo detalle es importante.
La distribución de los hombres en el espacio: la disciplina exige a veces la clausura, la especificación de un lugar heterogéneo a todos los demás y cerrado sobre sí mismo. Lugar protegido de la monotonía disciplinaria.
Principio de la localización elemental o de la división en zonas. A cada individuo en su lugar; y en cada emplazamiento un individuo (...), descomponer las implantaciones colectivas (...). Se trata de establecer las presencias y las ausencias, de saber, dónde y cómo encontrar a los individuos, instaurar las comunicaciones útiles (...), poder en cada instante vigilar la conducta de cada cual, apreciarla, sancionarla, medir las cualidades o los méritos.
(...), codificar un espacio (...). Se fijan unos lugares determinados para responder no sólo a la necesidad de vigilar, de romper las comunicaciones peligrosas, si no también de crear un espacio útil.
El empleo del tiempo (...). Sus tres grandes procedimientos, -establecer ritmos, obligar a ocupaciones determinadas, regular los ciclos de repetición.
Se busca asegurar la calidad del tiempo empleado: control ininterrumpido, presión de los vigilantes, supresión de todo cuanto pueda turbar y distraer, se trata de constituir un tiempo íntegramente útil.
La exactitud y la aplicación son, junto con la regularidad, las virtudes fundamentales del tiempo disciplinario.
La elaboración temporal del acto (...). Ajustar el cuerpo a unos imperativos temporales (...). Se define una especie de esquema anatomo-cronológico del comportamiento. El acto queda descompuesto en sus elementos (...). El tiempo penetra el cuerpo y con él todos los controles minuciosos del poder.
(...) establecimiento de correlación del cuerpo y del gesto (...). En el buen empleo del cuerpo que permite buen empleo del tiempo, nada debe permanecer ocioso o inútil (...). Un cuerpo bien disciplinado forma el contexto operatorio del menor gasto.
La articulación cuerpo-objeto. La disciplina define cada una de las relaciones que el cuerpo debe mantener con el objeto que manipula (...). Dibuja (...) un engranaje cuidadoso (...). El poder viene a deslizarse sobre toda la superficie de contacto entre el cuerpo y el objeto que manipula; los amarra el uno al otro (...). La reglamentación impuesta por el poder es al mismo tiempo la ley de construcción de la operación.
La utilización exhaustiva (...). La disciplina procura una economía positiva; plantea el principio de una utilización teóricamente creciente siempre del tiempo: agotamiento más que empleo; se trata de extraer, del tiempo, cada vez más instantes disponibles y, de cada instante, cada vez más fuerzas útiles. Lo cual significa que hay que tratar de intensificar el uso del menor instante (...). Cuanto más se descompone el tiempo, cuanto más se multiplican sus subdivisiones, mejor se lo desarticula desplegando sus elementos internos bajo una mirada que los controla, más se puede acelerar entonces una operación, o al menos regularla de acuerdo con un grado óptimo de velocidad.
(...) formar un tiempo compuesto. El tiempo de unos debe ajustarse al tiempo de los otros de manera que la cantidad máxima de fuerzas puede ser extraída de cada cual y combinada en un resultado óptimo.
Esta combinación cuidadosamente medida de las fuerzas exige un sistema preciso de mando. Toda la actividad del individuo disciplinado deber contar con su ritmo y sostenida por órdenes terminantes cuya eficacia reposa en la brevedad y la claridad (...). Situar los cuerpos en un pequerño mundo de señales a cada una de las cuales está adscrita una respuesta obligada, y una sola.
Las disciplinas son un arte del buen encauzamiento de la conducta (...), de hacer esto para retirar y sacar más. No encadena las fuerzas para reducirlas; lo hace de manera que a la vez pueda multiplicarlas y usarlas. La disciplina "fabrica" individuos; es la técnica específica de un poder que se da los individuos a la vez como objetos y como instrumentos de su ejercicio; es un poder modesto, suspicaz, que funciona según el modelo de una economía calculada pero permanentemente. El éxito del poder disciplinario se debe sin duda al uso de instrumentos simples: la inspección jerárquica, la sanción normalizadora y su combinación en un procedimiento que le es específico: el examen.
A continuación se expondrán las técnicas disciplinarias que traen consigo tanto el taylorismo como el fordismo: reparto de individuos en el espacio, control de la actividad, economía del tiempo, composición de las fuerzas para lograr una máquina eficaz, empleo de la jerarquía, de la sanción normalizadora y, por último, de la técnica de examen. Y lo que es más relevante, la aparición del binomio saber-poder: en el taylorismo con el departamento de distribución del trabajo y en el fordismo el departamento de personal, que es un departamento de sociología del trabajo.
El taylorismo
Frederick Taylor en La dirección de los talleres expone de una forma sistemática lo que vino en llamarse Organización Científica del Trabajo.
El interés por la organización del trabajo radica, para Taylor, en dos puntos fundamentales: la gran heterogeneidad o la falta de homogeneidad que existe en los talleres, y la ausencia de una relación aparente entre la dirección del taller y el pago de los dividendos.
Partiendo de esta base, Taylor señala que el jefe de taller, el patrón, debe tener un conocimiento perfecto de todas las exigencias, incluso los detalles, de la fábrica, adquiriéndolo mediante el contacto con sus subordinados y por el impulso de éstos, que llevará al máximo la capacidad productiva del taller.
La mejor manera para lograr estos fines se encuentra en saber perfectamente lo que se espera del personal y vigilar para que lo haga del modo mejor y más económico. Queda manifiestamente claro que la cuestión más importante es la relación entre los empleadores y los empleados.
Pero, desde nuestro punto de vista, lo más significativo de la Organización Científica del Trabajo está en la concepción que tiene Taylor de los trabajadores: son vagos por naturaleza y tienen una gran tendencia a la pereza. De este modo, los trabajos que realizan se demoran sin sentido y es en este punto donde la buena dirección debe hacer fuerza.
Taylor proporciona una serie de puntos para solucionar esta problemática cuestión:
- Cuantos menos hombres emplee el patrono y menor sea la variedad de los trabajos a realizar tanto mejor.
- Sistema de trabajo Towne-Halsey, consistente en tomar el tiempo menor en que se ha realizado una tarea como base. Si el trabajador realiza su labor en ese tiempo cobrará su salario íntegro; si lo hace en menos tiempo obtendrá una prima. Si el trabajador no consigue llegar a ese tiempo se le despedirá y se le sustituirá por otro más capaz. El salario se convierte en el acicate para el trabajador.
- Es necesario, y se hace, realizar un estudio pormenorizado y sistemático del tiempo, para conocer la cantidad de trabajo que puede desempeñar un obrero al día. Para medir cuidadosamente el tiempo es imprescindible dividir el trabajo del obrero en sus elementos más simples y cronometrar cada uno de ellos aisladamente.
Después se le debe dar a cada trabajador su ficha donde están anotadas las labores realizadas y su salario. De esta manera se tiene controlado al obrero y se lo impide, por añadidura, que trabaje en equipo, ya que este sistema de trabajo trae consigo la individualización del trabajador.
- Amplia labor diaria. Todo trabajador debe recibir todos los días una faena clara y definida.
- La faena debe aplicarse a toda la jornada de trabajo, dándose al mismo tiempo al obrero las condiciones y disposiciones propias para realizarla con seguridad.
- El obrero debe estar seguro de cobrar un buen salario si efectúa concienzudamente su trabajo. Y, por el contrario, saber que sufrirá algún perjuicio si demuestra insuficiencia.
- El departamento de distribución del trabajo establecerá las labores de cada obrero con un día de antelación.
Las órdenes deberán ser detalladas y dadas por escrito.
Además, este departamento tendrá que tener trazado el trayecto de una pieza que llegue al taller de forma exacta, para saber el recorrido que realizará de una máquina a otra, indicando de forma detallada cada operación que se realizará sobre la pieza y el tiempo de su duración.
Cada una de estas máquinas dispondrá de una tarjeta que muestre cómo emplearla en las mejores condiciones.
A modo de conclusiones, se agrupa a los obreros en un taller, se les impone una duración de la jornada laboral, se les supervisa para que trabajen diligente, intensa y ininterrumpidamente, se refuerzan las reglas contra las distracciones y se establecen mínimos de producción.
Para lograr esto es necesario que la gerencia asuma el conocimiento obrero de sus propias tareas y luego lo clasifique, tabule para reducirlo a leyes y fórmulas.
Así, el trabajo intelectual se concentra en la dirección de la empresa y el manual se halla en los miembros de los trabajadores. Se trata de una división social del trabajo estricta.
El fordismo
Este sistema supone una gran división técnica del trabajo en torno a una gran innovación organizacional y técnica: la cinta transportadora en la cadena de montaje. Así, se llega a una progresiva integración de la producción.
Henry Ford pretende fabricar un automóvil simple, sencillo, para todo el público y producido en una sola pieza a base de piezas estándar fácilmente intercambiables.
Los ingenieros estudian la pieza que se tiene que fabricar, ajustan o idean las máquinas para ella, y diseñan el puesto de trabajo teniendo en cuenta las diferentes tareas. Se busca fundamentalmente el movimiento masivo y continuo, para lo cual el trabajador debe realizar los menos movimientos posibles y el menor esfuerzo.
El sueño de Ford era que el mineral entrase por la parte trasera de la fábrica y salieran por la delantera los Ford T.
Como consecuencia de esto, el trabajo debe estar altamente normatizado, hasta el punto de que se tratase de una prolongación o un mero apoyo al sistema mecánico. Se uniformiza, se normaliza, se homogeneiza el trabajo y el conjunto de su proceso, mediante la creciente racionalización y rutinización de las tareas.
El flujo continuo de la producción se lleva a cabo mediante el desplazamiento de los objetos utilizando la fuerza de la gravedad en la medida de lo posible, con la intención de que las piezas estén en continuo movimiento y que todos los trabajadores permanezcan en sus puestos. La producción debe ser contínua, progresiva, constante, siguiendo una secuencia lógica, eliminando los movimientos y operaciones innecesarias, haciendo una economía del espacio. Se llega a la economía del ensamblaje, con sus tres principios:
- Poner los útiles y herramientas siguiendo el orden de las operaciones de fabricación, de modo que cada pieza tenga la menor distancia posible que recorrer desde la primera a la última operación.
- Emplear las bandas transportadoras de manera tal que cuando un obrero ha terminado su operación, la otra pieza caiga siempre en el mismo lugar, el cual debe ser el que está más al alcance de la mano y, si fuera posible, que por su propio peso la pieza montada sea arrastrada hacia el siguiente obrero.
- Emplear las bandas transportadoras, por medio de las cuales las piezas a ensamblar sean repartidas a distancias convenientes.
El trabajo queda organizado de manera sucesiva, siguiendo una secuencia y con una estrecha sincronización de las tareas.
El interés de la invención de la cadena de montaje se encuentra en que obliga a trabajar más rápido y es la que dota de ritmo a las labores que hay que realizar.
Cuatro son los hechos más relevantes del fordismo:
- Adaptación de la fuerza de trabajo al movimiento de las máquinas y de la cinta transportadora.
- División y simplificación social y técnica del trabajo de ejecución, promoviendo la especialización e incorporando las cualificaciones profesionales a la máquina.
- Modificación de las actitudes y comportamientos de los trabajadores disciplinándolos, actuando sobre sus normas de consumo y su forma de vida.
- Incremento de los salarios, pagando según el tiempo trabajado, para facilitar el reclutamiento de la mano de obra más adecuada, reducir la rotación y el absentismo, compensar la intensificación del trabajo y frenar la acción sindical.
Hay que señalar la importancia que tiene dentro de la empresa el departamento de personal, que es un departamento de sociología del trabajo, para controlar el modo de vida de los trabajadores y que, incluso fuera de la empresa, influya eb su comportamiento y establezca criterios para discriminar y, en el peor de los casos, para despedir al personal, si éste no modifica las pautas de su vida.
De este modo se intentan resolver los problemas que presenta la fuerza de trabajo, que se manifiestan en una alta tasa de absentismo, baja productividad, desinterés por el trabajo y, en suma, indisciplina.
Se procura, en definitiva, modificar las actitudes y el comportamiento de los trabajadores para que adopten el perfil requerido por la empresa: no fumar, no beber alcohol, no contraer deudas, no abusar de las salidas nocturnas, tener una excelente relación familiar, etc., para así evitar el absentismo y que lleguen fatigados a la fábrica.
Estamos ahora en el reino de la libertad, en la libertad del panóptico.
(Andrés Bilbao SentÍs)


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