Psicopolítica. Byung-Chul Han

La psicopolítica es un sistema de dominación propio del capitalismo neoliberal, por lo que es el que impera en nuestras sociedades actuales.

Se caracteriza por emplear un poder seductor, smart en palabras del autor.

El efecto es que el sujeto se somete por sí mismo, sin ser consciente de ello, ya que se cree libre.

Es el propio sistema de dominación, la psicopolítica, el que explota la libertad del sujeto.

La libertad del sujeto se expresa de forma nítida en la hipercomunicación, -el caso de las redes sociales y los servicios de mensajería de los smartphones-, con la que convivimos en la actualidad. Aunque es una falsa libertad, su reverso es que esta hipercomunicación, promovida por el propio sistema de dominación es la vía del control y de la vigilancia, por lo que la libertad del sujeto entra en crisis. Se trata de un Gran Hermano digital, basado en la estructura panóptica de la red digital.

La gestión del capitalismo actual está en manos del marco ideológico del neoliberalismo. Con el fin de acomodar a los sujetos a esta ideología, estos pasan de ser trabajadores, -propio de la sociedad industrial-, a empresarios/emprendedores de sí mismos.

El conflicto inherente a las relaciones de producción del sistema económico capitalista desaparece, ya que el si el trabajador ha dejado de existir, ha dejado de existir la clase obrera como tal. La estructura social parece ser un continuo de posiciones sociales y no de clases sociales.

La transformación del trabajador en empresario/emprendedor conlleva la explotación de uno mismo, por lo que cabe hablar de autoexplotación. La dialéctica hegeliana amo-esclavo, ya no se produce entre clases sociales, -la dominante y la dominada-, si no en el interior de cada uno de nosotros, por lo que el escenario de la lucha de clases pasa a encontrarse en el interior de cada sujeto. Se desactiva el conflicto social inherente a las relaciones de producción capitalistas.

Esta transformación implica, también, transmitir la idea neoliberal del empresario, como un sujeto solitario, aislado, enfrentado consigo mismo y en el explotador voluntario de sí. La dominación de la dictadura del capital alcanza el interior de cada uno de los sujetos.

Políticamente se traduce en que ya no cabe un sujeto político colectivo, si no de agregados de individuos, en el mejor de los casos.

Un efecto de la transformación del trabajador en empresario/emprendedor es la autoculpabilización del fracaso personal, de ahí la extensión de la depresión y del síndrome estar quemado en el trabajo propio de nuestras sociedades. De este modo se dificulta poner en cuestión el orden social existente y la organización de una resistencia colectiva.

La respuesta crítica del sujeto se produce contra uno mismo, -ansiedad, depresión-, al no poder estar a la altura de las expectativas sociales y de las que uno mismo se ha creado o, mejor dicho, le han creado.

Se trabaja no para la satisfacción de nuestras propias necesidades, si no para las necesidades del capital, que pasan por ser nuestras propias necesidades. El capital representa una nueva transcendencia, una nueva forma de subjetivación, lo que supone un abandono de la libertad ya que el capital es el nuevo amo y la acción política pasa a ser el mayordomo del capital y de sus necesidades.

Walter Benjamin señala que el capitalismo tiene funciones propias de la religión, al tratarse de un culto que culpabiliza a cada uno de nosotros de nuestra situación personal al no esforzarnos lo suficiente, el no ser capaces, ser impotentes. Su nota característica es que no es culto con una dimensión expiatoria de la culpa.

El me gusta es el amén digital.

La herramienta propia del sistema de dominación psicopolítico es el big data. El tratamiento de grandes bloques de información personal permite pronosticar comportamientos y actitudes con el objetivo de condicionarlos a un nivel preconsciente. El futuro es entonces predecible y por tanto controlable. El sujeto se positiviza en cosa, por lo que es cuantificable y mensurable. Y no hay que olvidar que las cosas no tienen libertad.

Para que este sistema de dominación funcione es necesario crear la sociedad de la transparencia, como un dispositivo neoliberal de control social.

La sociedad de la transparencia vuelve todo hacia el exterior para convertirlo en información. A los sujetos se les desinterioriza, ya que la dimensión interior obstaculiza y frena la comunicación, que es un elemento imprescindible para el sistema de denominación de la psicopolítica.

Si estamos inmersos en un modo de producción crecientemente inmaterial, con más información y comunicación se produce una mayor aceleración, productividad y crecimiento.

Lo que es secreto, extraño, lo otro son desarticulados en nombre de la transparencia, reprimiéndose las desviaciones.

Ya hemos visto que el neoliberalismo transforma al trabajador en empresario/emprendedor y no es la única transformación. Una nueva transformación es la de convertir al ciudadano en consumidor.

Esta transformación hace que el sujeto responda ante la política como ante un acto de consumo: de forma pasiva, refunfuñando, quejándose, enfadándose, escandalizándose. La consecuencia es que a los partidos políticos no les queda más que seguir esta lógica de tratar al ciudadano como un consumidor de opciones políticas, ya que su objetivo es en definitiva la de proveer.

El correlato de esta sociedad de la transparencia es la democracia de los espectadores. La crisis de la libertad es indudable.

La psicopolítica como sistema de dominación cuenta con sus propios dispositivos disciplinarios.

La sociedad industrial cuenta con la sociedad disciplinaria y sus instituciones totales, -Goffman- tales como la familia, la escuela, la cárcel, el cuartel, el hospital, la fábrica, -Foucault, Deleuze. Es un sistema cerrado y rígido que pretende la ordenación en el espacio y en el tiempo del sujeto.

Es propio de la producción industrial al buscar el ajuste del cuerpo a la producción mecánica, entiendo de este modo el cuerpo como una máquina de producción. El objetivo es que el sujeto sea obediente.

La psicopolítica, propia del neoliberalismo, plantea como dispositivo disciplinario lo inmaterial, el alma, el ethos. Su objetivo es instituir entre los sujetos una rivalidad interminable a modo de sana competición y como un proceso de motivación.

Los dispositivos disciplinarios propios de la psicopolítica, en contraposición a la biopolítica propia de la producción industrial, residen en la motivación, los proyectos, la optimización, la iniciativa propia, lo que conlleva una mejora incrementada de la productividad a partir de la optimización de los procesos psíquicos. La mente se convierte en una fuerza productiva dadas las formas de producción inmateriales propias del capitalismo de nuestra época.

La dominación en la psicopolítica acapara absolutamente la tecnología del yo, pretendiendo la permanente optimización propia. El hecho es que se produce un incremento de la explotación bajo este tipo de dominación, ya que el sujeto es conducido a la autoexplotación de modo voluntario y apasionado, lo que entronca con la visión del trabajador como empresario de sí mismo, -Gary Becker-, y la búsqueda incesante del yo como obra de arte, tal y como se presenta el fitness, por ejemplo.

El objetivo, en definitiva, de estos dispositivos disciplinarios es que se le propone al sujeto que actúe de tal modo que reproduzca por sí mismo el entramado de dominación, que es interpretado por el propio sujeto como libertad. Se produce la coincidencia de términos antagónicos, tales como optimización, explotación, libertad y sometimiento.

La visión del poder en la psicopolítica toma una forma permisiva, amable, sin su carga de negatividad, al ofrecerse como libertad. Como se comentó al principio, es smart.

El poder quiere activar, motivar, optimizar y no poner obstáculos o someter a los sujetos. Quiere complacer y colmar.

Genera emociones positivas y busca su posterior explotación. Seduce y no prohíbe, por lo que no se enfrenta al sujeto, si no que le ofrece posibilidades, lo que genera una ilusión de libertad.

Exige compartir, participar, comunicar nuestras opiniones, necesidades, deseos y preferencias.

El sometimiento del sujeto a este sistema de dominación es a través del consumo y de la comunicación.

El neoliberalismo es el capitalismo del me gusta.

La optimización personal que persigue la psicopolítica sirve únicamente para el funcionamiento perfecto del sistema, ya que sus resultados son el incremento de la eficiencia y del rendimiento. El efecto es la autoexplotación total por la coacción de generar continuamente un rendimiento mayor.

Ya que todo es mensurable y, por tanto, comparable se sigue la lógica del éxito mercantil cuantificable, -¿cuánto dinero ganas?

El producto final es el agotamiento general tanto de los recursos naturales y humanos, con problemas de salud mental como la depresión y el síndrome de estar quemado en el trabajo.

En definitiva la psicopolítica es la apariencia de la libertad y la comunicación ilimitadas, por lo que se promueve la revelación voluntaria de nuestras necesidades y deseos en las redes sociales, produciéndose una explotación constante de la libertad por parte del sistema. La comunicación ilimitada conlleva la coincidencia absoluta de ésta con el control social, llevando a la situación de que es el propio sujeto quien es el panóptico de sí mismo.

Esta nueva técnica de poder es prospectiva, -de ahí la importancia del big data-, permisiva y proyectiva.

Byung-Chul Han hace una distinción neta entre los conceptos de sentimiento y emoción.

El sentimiento es objetivo y es narrativo.

Por el contrario, la emoción, el afecto, es subjetivo y no es narrativo. Es performativa, dado su fundamento energético, por lo que remite a acciones.

Sobre las emociones trabaja la psicopolítica para influir en las acciones siendo, además, un medio muy efectivo para el control del sujeto y del control social por extensión.

Las emociones al ser dinámicas y situacionales son perfectas para su explotación por el sistema capitalista.

La sociedad de consumo explora el campo de las emociones, por lo que son más importantes que el propio valor de uso.

Además, la emoción es tratado como un medio de producción más al llevar a un incremento de la productividad y del rendimiento.

La ilusión de libertad es explotada por el capitalismo al producirse una emocionalización del proceso productivo, que se favorece por la aceleración constante de la comunicación. El management emocional busca incesantemente la motivación, por lo que se habla de competencias profesionales, cognitivas y emocionales.

El proceso de creciente gamificación, -de juego-, en los procesos de trabajo genera una mayor productividad al emocionalizar y dramatizar el mismo proceso, dada la mayor motivación de los trabajadores por la gratificación y las vivencias inmediatas del éxito, al contar con el me gusta de los compañeros y jefes.

Lo cierto es que el objetivo se cumple al ser sometido el trabajador en el entramado de la dominación.

Ya hemos comentado que el big data es la herramienta propia del sistema de dominación psicopolítico, al revelarse como una forma de control social muy eficiente ya que descubre patrones de comportamiento colectivo de los que el sujeto no es consciente.

La estructura social se convierte en un conjunto de clases digitales, al estructurarse la sociedad por la relación de los sujetos con las tecnologías digitales.

La correlación sustituye a la causalidad, por lo que se pasa del por qué al esto es así.

Del big data surge la ideología, porque no es más que una ideología, del dataísmo.

Supone que todo se convierta en datos e información, tratando de superar toda ideología al basarse en la objetividad de los datos e información manejada.

Cae de esta forma en el totalitarismo digital de carácter nihilista, al renunciar totalmente al sentido de una narración. Los datos se pueden enumerar pero no marrar.

Una de sus facetas es la memorabilidad y la cuantificabilidad digital. Así aparece el self-tracking, como un mecanismo de autovigilancia al contar con una memoria total de tipo digital, sin olvidarse nunca de nada. Y también el microtargeting como una práctica de la microfísica del poder, que no es otra cosa que la psicopolítica movida por los datos y que conlleva en última instancia a la transformación del votar en comprar, del Estado en mercado y del ciudadano en consumidor.

La psicopolítica, técnica de dominación del neoliberalismo, es la técnica de dominación que estabiliza y reproduce el sistema dominante por medio de una programación y control psicológico del sujeto.

(Photo by NeONBRAND on Unsplash)

Es importante destacar varios aspectos de esta obra de Byung-Chul Han.

Uno de estos aspectos es el papel en el capitalismo actual de los procesos de explotación y de alienación de la clase trabajadora que se agudiza gravemente.

Es destacable también el proceso de individualización de la sociedad. Se intenta romper por todos los medios los lazos sociales en todos los ámbitos de la vida.

Para el neoliberalismo la sociabilidad se entiende como un intercambio propiciado por la búsqueda de la satisfacción de las necesidades propias, que coinciden con los intereses del capital.Es una de las lógicas inherentes al modo de producción capitalista, perfectamente descrito por Adam Smith.

El capitalismo no es el responsable de la situación que sufre cada uno, si no que se da una inversión mediante la cual cada uno es responsable de su propia situación. Es otro aspecto del proceso de individualización creciente de la sociedad.

Esto conlleva la interiorización, por parte del sujeto, del conflicto social que pasa a ser un mero conflicto de carácter personal.

La obra supone una crítica al estadio del capitalismo que sufrimos en la actualidad y sus mecanismos de legitimación.

Otro aspecto destacable es el intento del neoliberalismo de intentar acabar con la estructura social de clases, sustituyéndola por un contínuo de posiciones sociales. En esta situación la acción política colectiva se dificulta enormemente, haciéndola prácticamente imposible.

Finalmente hay que apuntar que la tesis de Harry Braverman sobre la creciente taylorización del proceso de trabajo en oficinas parece cumplirse en la actualidad más que en el momento de escribir su obra Trabajo y capital monopolista. Es el caso de la gestión de proyectos y la aplicación del cronograma adoptado para el proyecto, que supone, en definitiva, la gestión óptima de los cuerpos y los tiempos atendiendo a las diferentes fases del proyecto, los hitos marcados en el transcurso del proyecto, la generación de subproductos en la finalización de las fases que componen el proyecto y la consecuención de los objetivos marcados.

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